Y a ratos me siento inmensamente feliz al estar sentada en la banqueta fumando y tomando un boing de mango. Y me conmuevo ante la belleza de mi juventud y de los charcos estancados que reflejan los señalamientos viales. Pero de un momento a otro vendrá la sensación de estar extrañando. Manquer se dice en francés y me parece más acertada que el extrañar del castellano ligada a lo paranormal, manquer, carecer. Además, me suena a manco, a la mano que falta, que nos amputaron sin que nos diéramos cuenta y en la que aún sentimos cosquillas.
No es que no me hubiera esperado esta vida, eso es lo más triste. Recuerdo cuando hace varios años, aún adolescente, me planteaba dónde me veía en algunos años, la imagen era clara: la computadora encendida, la pila de cigarrillos, las ojeras, la soledad. Tal vez fue esa imagen ya creada la que me llevó a lo que soy. Tal vez tontamente veía una estética en ello y ahora no puedo salir del cuadro terrible.
Imagen de la vida que extraño y que no viví:
Hay un hermoso suelo de duela clara y ahí está mi cuerpo echado sobre un sofá al que le pega un sol brillante, veo mis pies descalzos. Hay un tocadiscos y suena música hermosa que me es ajena. Estoy tranquila y estoy feliz, siento la tibieza invadiéndome el vientre(y no es ni por la duela, ni por el sofá, ni por el tocadiscos. Ni siquiera por la música).
Como ésta hay tantas imágenes de esa vida que extraño larga y dolorosamente, que siento que me quitaron desde antes la concepción. Ojalá pudiera recuperarla.
No entiendo bien, que hace esto en este blog




